Dedicados a Joaco Vezzoni, Elian Diep y Carolina de 3ro
I.
Simba:
Existen los bondis, pero también existen los re- bondis!
Son los mejores; o dicho de otra forma:
están re- piola.
Te enteraste de
esto porque te lo contó un amigo. De seguro es un ser muy especial.
No sé cuáles serán re-bondis para vos; para mí lo son el
152 y 68. ¡Chicos cuadrúpedos, los quiero!
II.
¿Quién no ha intentado adivinar los ojos de los vehículos de pequeño? Como si
uno pudiese adivinarles el alma a esos autos, esas camionetas.
Algunos que parecen enojados, otros que parecen sonreír.
Si se lo piensa demasiado quizás, ¡hasta cobren vida!
Yo me pregunto: ¿Cuál es la mirada de los colectivos? ¿Y
la esencia de su alma?
¡Ay!, los
colectivos, esas jirafas en el mundo animal de la gasolina.
III.
En el bondi, camino a la boca. Recorro Capital y noto lo
que ya sabía: todas esas calles están conectadas,
todos esos lugares ya
no están tan lejos,
todos estos sitios están cerca;
se quieren, se ensamblan
y ya los encontré.
¡Capital! , ¡Te recorro entera!, y ahora ya no solo lo
noto, sino que lo siento: todos esos lugares son piezas, piezas de
rompecabezas; y aquellos sitios…
los de mis vivencias,
no son islas, como
en mi mente,
no son aislados ni independientes:
son una red
subyacente,
son un todo delincuente.
En el bondi, yo lo noto así.
También
cuándo salgo a
caminar.
IV.
Caro: la otra. No tú, ni la imagen mental que tienes tú
de ti Caro, o la que piensan los otros.
Caro: vos descubriste la posta de los colectivos. Años y
años viendo y viendo, pero sin mirarlos, sin buscarlos tampoco.
Me maravillaste Caro, con tu descubrimiento. Dijiste lo
siguiente: “¿Viste que los colectivos son planos, Caro?”
Fantasticular (palabra de mi prima), fantasticular tu
descubrimiento, Caro.
PD: sos grosa.
V.
Un colectivo es genial cuándo entra la cantidad precisa
de gente. Es ahí cuándo puedes mirarlos: esos pasajeros; extraños, temerosos, increíblemente
humanos. Mirarlos con ojos grandes; por
el instante justo, porque si te sobrepasas ya se asustan y paranoiquean.
Si los mirás, podrás ver pedacitos de sus almas, en sus
ojos, explosión de sentimiento.
Si los mirás, podrás ver su temple en su parar (si están
parados), o en su sentar (si caminan).
Si no te vence la iner-vergüenza o el egoísmo, vivirás el
orgullo de entregarle el asiento a una anciana], que te regalará una sonrisa
ancestral, que al mismo tiempo será muy niña.
VI.
Colectivo doble, sos una articulación. Te movés como
gusano por las calles del centro. Cuando entro en tu intestino, me robás una
sonrisa: son los encantos del desequilibrio.
Cuando me subo en ti, colectivo doble: apoyo los pies
bien fuertes para no caer. Cuando subo en ti, gusanote urbano, siento la gracia
del movimiento.
Cuando me subo en
ti, pedazo de brazo con codo, siento mi cuerpo y su peso.
Cuándo te piso firme… inestabilidad, gran aventura!
Quizás, en días mágicos, hasta crea que tu piso es ola.
VII.
Si sos afortunado, tendrás la oportunidad de sentarte en
un asiento con ventana. La brisa te contará el cuento de siempre y te
encantará.
Soplo tras soplo y tu cuello se excitará,
soplo tras soplo,
y el alivio te apoderará.
¡Qué placer!, las caricias de la brisa.
¡Qué placer!, y ya te saca una sonrisa.
VIII.
A ustedes,
señoras mayores,
de chales y colores,
que sonríen con ganas.
Que dicen “Ay no querida, no hace falta”.
Que miran a los ojos
y a pesar de las edades,
viajan en colectivo…
Para ustedes…
es mi poema.
IX.
Cantar en el colectivo,
con una amiga.
Aquel hombre
de ropas holgadas.
Mirarlo como si lo conociera.
Y Él como diciendo “1,25”,
me dice
“Hola”.
Yo,
Presa de curiosidad respondo.
No importa si lo que busca es chamuyo,
lo que me enuncia lo escucho
y lo guardo pa’ algún poema.
X.
Hombres de colectivo los hay muchos. Recuerdo uno en especial.
Vestía con medias azules, color fantasía de peposo, ropa deportiva, pero cara
de hippie. Pelos descontrolados, y ojos verde-azulados.
Recuerdo perderme en ensueños y mirarlo. Mirarlo y
mirarlo. Pero él también miraba, igual
de fijo, a mis ojos; y sus ojos eran como canto de sirena.
Salir del trance y descubrir que habían pasado 10, 20
minutos,
y nuestras miradas se estaban tocando.
Desconocido, no me hablaste ni te hablé. Pero si yo no te
vi el alma,
de seguro, la toqué.
XI.
Mirar por la ventana. Soñar enamoramientos. Rememorar.
Sentir arcoíris. Caer en re-pensamientos. Cuándo de golpe se acerca un señor,
cara de violador y me dice “¡Hola!”.
Silencio.
“Hola”.
Silencio.
“¡Hola!”.
Silencio.
“Hola señora…¡El boleto, por favor! Conteste!
¡Uy! Los pide boletos,
esos sí que aparecen
cada muerte de
duende.
XII.
Esperar un colectivo, puede tomarse de dos formas:
1. Como
la espera desesperante y desesperada, donde los segundos pesan elefantes.
2. Como
el momento para quedarse tranquilo, mirando la calle, perdido en pensamientos o
en musicalidades.
Casi siempre, se espera de la
forma primera…
Pero si no es así, se
encontrará la magia del des-tiempo.
Suspensión de tiempo, vivir tu
mundo.
Delicadezas del 130 (y del
168).
XIII.
Una sola vez me sucedió. Miré
al colectivo y él me miró.
XIV.
Señor colectivero,
¡se le ha estirado la cara!
Parece, se la han planchado,
las brujas de la rutina.
Sonría un segundo:
vida no es tan mala.
De usted depende si mira,
flores en su parabrisas.
Piense sin utilidad,
eso realmente sana.
Ría sin sentido,
y olvide cordura solemne.
XV.
Quietos.
Islas.
Mente
Aislada.
Nada
De nada…
Cuando de repente…
¡Pum!, ¡colectivo frena de golpe!
Todos por minutos, somos amigos:
¿Se encuentra bien?
¡Mira la señora se calló!
Por suerte no le paso nada…
Me asusté che…
¡Pum! De golpe…
Somos humanos.
Y todo continúa…