miércoles, 22 de agosto de 2012

poemas para el bondi (o lo que sea que sean)


Dedicados a Joaco Vezzoni, Elian Diep y Carolina de 3ro
I.
Simba:

Existen los bondis, pero también existen los re- bondis! Son los mejores;  o dicho de otra forma: están re- piola.
 Te enteraste de esto porque te lo contó un amigo. De seguro es un ser muy especial.
No sé cuáles serán re-bondis para vos; para mí lo son el 152 y 68. ¡Chicos cuadrúpedos, los quiero!

II.

¿Quién no ha intentado adivinar  los ojos de los vehículos de pequeño? Como si uno pudiese adivinarles el alma a esos autos, esas camionetas.
Algunos que parecen enojados, otros que parecen sonreír. Si se lo piensa demasiado quizás, ¡hasta cobren vida!
Yo me pregunto: ¿Cuál es la mirada de los colectivos? ¿Y la esencia de su alma?
¡Ay!,  los colectivos, esas jirafas en el mundo animal de la gasolina.

III.

En el bondi, camino a la boca. Recorro Capital y noto lo que ya sabía: todas esas calles están conectadas,
todos esos lugares ya  no están tan lejos,
todos estos sitios están cerca;
se quieren, se ensamblan
y ya los encontré.

¡Capital! , ¡Te recorro entera!, y ahora ya no solo lo noto, sino que lo siento: todos esos lugares son piezas, piezas de rompecabezas; y aquellos  sitios…
los de mis vivencias,
 no son islas, como en mi mente,
no son aislados ni independientes:
son una red  subyacente,
son un todo delincuente.

En el bondi, yo lo noto así.
También
 cuándo salgo a caminar.

IV.


Caro: la otra. No tú, ni la imagen mental que tienes tú de ti Caro, o la que piensan  los otros.
Caro: vos descubriste la posta de los colectivos. Años y años viendo y viendo, pero sin mirarlos, sin buscarlos tampoco.
Me maravillaste Caro, con tu descubrimiento. Dijiste lo siguiente: “¿Viste que los colectivos son planos, Caro?”
Fantasticular (palabra de mi prima), fantasticular tu descubrimiento, Caro.  

PD: sos grosa.

V.

Un colectivo es genial cuándo entra la cantidad precisa de gente. Es ahí cuándo puedes mirarlos: esos pasajeros;  extraños, temerosos, increíblemente humanos.  Mirarlos con ojos grandes; por el instante justo, porque si te sobrepasas ya se asustan y paranoiquean.
Si los mirás, podrás ver pedacitos de sus almas, en sus ojos, explosión de sentimiento.
Si los mirás, podrás ver su temple en su parar (si están parados), o en su sentar (si caminan).

Si no te vence la iner-vergüenza o el egoísmo, vivirás el orgullo de entregarle el asiento a una anciana], que te regalará una sonrisa ancestral, que al mismo tiempo será muy niña.


VI.
Colectivo doble, sos una articulación. Te movés como gusano por las calles del centro. Cuando entro en tu intestino, me robás una sonrisa: son los encantos del desequilibrio.
Cuando me subo en ti, colectivo doble: apoyo los pies bien fuertes para no caer. Cuando subo en ti, gusanote urbano, siento la gracia del movimiento.
 Cuando me subo en ti, pedazo de brazo con codo, siento mi cuerpo y su peso.
Cuándo te piso firme… inestabilidad, gran aventura!
Quizás, en días mágicos, hasta crea que tu  piso es ola.

VII.

Si sos afortunado, tendrás la oportunidad de sentarte en un asiento con ventana. La brisa te contará el cuento de siempre y te encantará.
Soplo tras soplo y tu cuello se excitará,
 soplo tras soplo, y el alivio te apoderará.
¡Qué placer!, las caricias de la brisa.
¡Qué placer!, y ya te saca una sonrisa.


VIII.
A ustedes,
señoras mayores,
de chales y colores,
que sonríen con ganas.

Que dicen “Ay no querida, no hace falta”.
Que miran a los ojos
y a pesar de las edades,
viajan en colectivo…

Para ustedes…
                                                        es  mi poema.


IX.

Cantar en el colectivo,
con una amiga.
Aquel hombre
de ropas holgadas.
Mirarlo como si lo conociera.
Y Él como diciendo “1,25”,
me dice
“Hola”.

Yo,
Presa de curiosidad respondo.
No importa si lo que busca es chamuyo,
lo que me enuncia lo escucho
y lo guardo pa’ algún  poema.

X.

Hombres de colectivo los hay muchos. Recuerdo uno en especial. Vestía con medias azules, color fantasía de peposo, ropa deportiva, pero cara de hippie. Pelos descontrolados, y ojos verde-azulados.
Recuerdo perderme en ensueños y mirarlo. Mirarlo y mirarlo. Pero él también  miraba, igual de fijo, a mis ojos; y sus ojos eran como canto de sirena.
Salir del trance y descubrir que habían pasado 10, 20 minutos,
y nuestras miradas se estaban tocando.

Desconocido, no me hablaste ni te hablé. Pero si yo no te vi el alma,
de seguro, la toqué.

XI.

Mirar por la ventana. Soñar enamoramientos. Rememorar. Sentir arcoíris. Caer en re-pensamientos. Cuándo de golpe se acerca un señor, cara de violador y me dice “¡Hola!”.

Silencio.

“Hola”.

Silencio.

“¡Hola!”.

Silencio.

“Hola señora…¡El boleto, por favor! Conteste!

¡Uy! Los pide boletos,
esos sí que aparecen
 cada muerte de duende.

XII.

Esperar un colectivo, puede tomarse de dos formas:

1.       Como la espera desesperante y desesperada, donde los segundos pesan elefantes.

2.       Como el momento para quedarse tranquilo, mirando la calle, perdido en pensamientos o en musicalidades.

Casi siempre, se espera de la forma primera…
Pero si no es así, se encontrará la magia del des-tiempo.

Suspensión de tiempo, vivir tu mundo.

Delicadezas del 130 (y del 168).

XIII.

Una sola vez me sucedió. Miré al colectivo y él me miró.

XIV.

Señor colectivero,
¡se le ha estirado la cara!

Parece, se la han planchado,
las brujas de la rutina.

Sonría un segundo:
vida no es tan mala.

De usted depende si mira,
flores en su parabrisas.

Piense sin utilidad,
eso realmente  sana.
 Ría sin sentido,
y olvide cordura solemne.


XV.

Quietos.
Islas.
Mente
Aislada.
Nada
De nada…

Cuando de repente…

¡Pum!, ¡colectivo frena de golpe!
Todos por minutos, somos amigos:

¿Se encuentra bien?
¡Mira la señora se calló!
Por suerte no le paso nada…
Me asusté  che…

¡Pum! De golpe…
Somos humanos.

Y todo continúa…


Las cosas perdidas


A Luciano Arruga, donde sea que este si es que está

Era un hermoso domingo. La primavera comenzaba a iluminar mi pálido rostro fúnebre, y me encontraba de buen humor  porque vería al maravilloso Alexis.  Pero había algo que me había pasado hace unos días y no podía sacármelo de la mente. Un hecho extraño, la verdad. ¡Muy extraño!
Ansiaba encontrarme con Alexis para poder contarle lo que me había pasado. Sabía que me comprendería, y me respondería con un dulce abrazo. Eso me hacía falta: un abrazo. No existían palabras que pudiesen consolar mi pena, ni responder a mi historia.
Nos encontramos a las 3 en punto en Parque Saavedra, lindo lugar, por cierto. Él me saludó con un beso  y hablamos un rato de nimiedades. Nos sentamos en un montículo de pasto y fue allí cuándo decidí que era el momento de contarle mi historia: “Tengo que contarte algo” le dije con un atisbo de preocupación, “Decime” me respondió y comencé a contarle lo que me  había pasado.
“Sucede que el otro día, me dieron ganas de salir a caminar por la calle. Fui hacía la calle Moldes, qué es más tranquila que Cabildo, y caminé por allí cantando como pajarito.  En un momento Moldes se cruza con una plaza que está llena de grafitis y me detuve ahí para observarlos. Me sorprendió ver una pequeña puerta de madera rancia, en el medio de la pared de grafitis. Me acerqué a verla y noté algo muy curioso: la puerta tenía un cartel que decía “Sólo para locos, en el buen sentido”. Ese comentario me sacó una sonrisa, porque yo soy una persona loca, pero en el buen sentido, y no pude sentirme más invitada a entrar a donde sea que me llevase esa puerta. La abrí con dificultad porque la puerta era algo pesada y entré, gustosa de estar viviendo tremenda aventura.
Mi sorpresa al ver lo que había por detrás de esa puerta fue indescriptible. Había un enorme galpón, de proporciones que parecían infinitas. En él se encontraban libros, infinidad de buzos, camperas, montañas de lapiceras, cuadernos a medio escribir, tareas para algún que otro colegio y aros para las orejas en cantidades infinitas. También había maquillajes, pantalones, dinero a montones y un millar de celulares, entre otras cosas.
Observe detenidamente todos estos objetos, y pude notar que algunas  de las cosas que se encontraban allí, eran objetos que yo había extraviado con anterioridad,  cómo una muñeca de las chicas súper- poderosa, Bellota, tapas de lapicera Parker, y un buzo Gap que le había perdido a mi hermano. Pareciera que en ese extraño lugar, se hallaban  todas las cosas perdidas que habían olvidado los dueños de todo el mundo.  
Pero no sólo eso, en el lugar también parecían encontrarse pensamientos olvidados, que retumbaban en  el galpón. “Lo deseo más que a vivir”, decía el raciocinio  de alguna obsesionada, “Nacho es un gol tirado desde mitad de cancha” decía un pensamiento mío que había olvidado hace rato.  No podía creer lo que estaba observando, me encontraba yo junto al lugar de las cosas perdidas, que por alguna misteriosa razón habían terminado allí. Pero no sólo eso, me encontraba yo  también, ante el lugar de los pensares perdidos, olvidados hace un rato y abandonados.  Mis ojos y mis oídos no sabían qué hacer con tanto estímulo.  Pero nada pudo impresionarme más que lo que vi después.

Estaba adentrándome en el galpón  mientras  observaba  las cosas que habían allí, cuándo me pareció escuchar un sonido de movimiento. Esto me asustó un poco porque creía estar sola, cuándo percibí que los movimientos provenían de un joven que también se hallaba allí. Tenía tez morena y era bien flaquito. Se acercó a mí y me saludó: “Hola, señorita” me dijo con cordialidad, pero al mismo tiempo como si no le importase realmente mi respuesta, “Ho-ola” dije yo, extrañada de su presencia. El muchacho me resultaba familiar y  al cabo de un rato lo reconocí. “¡Vos sos Luciano Arruga!, ¿qué haces acá?” dije abruptamente, como escupiendo las palabras. “Yo soy un joven olvidado, por eso estoy acá. Esto es lo que la vida me deparó”. Yo lo miré triste y le dije “Vení, salgamos de acá, allá afuera te recuerdan algunos”. “No es suficiente, la mayoría ya perdonó a la policía. No me recuerdan, no les interesa, yo me quedo.” No pude hacer más que abrazarlo, con la vergüenza que me acompaña a veces  cuándo siento fuerte.  Largo rato estuvimos así,  hasta que noté que ya era hora de retornar a mi hogar. “Lo siento, pero me  tengo que ir” le dije y abrí nuevamente esa pesada puerta de madera. Ya era de noche y tuve que apurarme para llegar a casa a tiempo para cenar. Desde ese momento que siento este dolor, volviendo más pesado el aire.”

Alexis me miró, extrañado y conmovido por mi historia. Con gran ternura me abrazó. Mi alma atravesó mi cuerpo, y estuve allí largo rato, siendo sólo psiquis. Y yo supe, no me pregunten por qué, qué en algún rincón de Buenos Aires, la madre de Luciano lloraba. 

jueves, 16 de agosto de 2012

Café neuronal

La señora Razón y la señora Celos, se sientan a tomar un café entre la neurona nueve y la neurona diez. La señora Celos dice _¡No puedo soportarlo! Esa deliciosa mujer, de piernas increíbles, es amiga de mi chico_
La señora Razón le contesta _ Lo siento querida, pero tuyo no es, creo que ya lo teníamos aclarado.Todos somos libres, por tan sólo ser humanos_
_ ¿ Y si me deja?_ replica la señora Celos, _ ¿Cómo puedo soportarlo?_
_ A mi me tendrás entonces_ dice el señor Recuerdo, entrando al bar de repente.

viernes, 3 de agosto de 2012

¿Qué es la felicidad?


¿Qué es la felicidad?
“Lo que los aparatos ideológicos del estado nos dicen”
Pobre Juancito, se pegó a ese ensayo con popsipol.

Viene y me dice:
“¿Para vos?”
Un cafecito con leche acostada en la cama.

“¡Vanidosa! “
Contesta como quién dice.

Yo me achico de hombros
y  digo:
Lo siento Juancito,  soy así.

¿Cómo soportamos lo que no existe?


¿Cómo soportamos lo que no existe?
Hemos aprendido a escribir.

Lapicera:
¡Varita mágica!
Suda en su ejercicio
deliciosos mundos.

Crea monstruos verdes,
en algún escupitajo.

Crea hada madrina
en sangrado de tintura.

Pero entonces…
¿Cómo soportamos lo que sí existe?
Hemos aprendido a escribir.