domingo, 26 de mayo de 2013



Juana no tiene la culpa
de que la hayan secuestrado.

Ella es como cualquier joven
siempre sintiéndose en otro lado.

Juana respira poco
ahora que está entre las que se olvidan.

Su madre sigue buscando
en cada calle, en cada esquina.

Juana ya casi no llora
entre el gruñido de quién no siente.

Pero eso no se compara
 con el olvido de la gente.

Peor es la indiferencia
de aquellos seres que caminan,
que por temor a aceptarla
 a esta violencia la escatiman.

¡Y niegan!

¡Y olvidan!

Juana no tiene la culpa
del sufrimiento de su vida.