Dormida, perdida
y una luz que ilumina.
El ruido como espejismo
del existir.
A regañadientes,
subo la escalera,
corro la silla.
Grito.
Siento un temblor
y espero.
Un calambre en el estomago,
se crucifican los minutos.
Reacio el sentimiento.
Pensándolo bien,
el sol sí ilumina un poco.
Redondo el tiempo,
en el mejor de los casos.
Busco lo sublime
en la pared despintada.
Y el espíritu de tu risa,
se sonríe en mi almohada.
Convenzo a la nube,
de que tome la forma que espero.
Son los encantos tras la ventana.
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