lunes, 15 de enero de 2018

Ella mira la lluvia.
Ella mira la lluvia pero ya
no siente lo mismo que antes.
Esa lluvia que  solía
retumbar en su corazón,
gotas empujando el vidrio empañado,
tambores naturales que daban ritmo
a una quietud encandilante,
ya no es más la dicha perfecta
ahora que sabe
 que esas gotas están bañadas de dolor.
Allá afuera las familias se organizan
 para hacer lo que se pueda:

tapar las goteras, proteger lo imprescindible
el vasito de agua  debajo del agujero en la pared.
El techito debajo del cual dormir.
-La lluvia es muy linda pero desde adentro-
me dice  y llora de amor.
Ella tuvo que pagar un precio por entregarse
a la ternura
pero ésta la recompensó
 dándole otra lluvia
desde el pecho hasta los ojos
de esas que llegan hasta los huesos
y te imparten rayos

de vitalidad.

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