Ella
mira la lluvia.
Ella mira la lluvia pero ya
no siente lo mismo que antes.
Esa lluvia que
solía
retumbar en su corazón,
gotas empujando el vidrio empañado,
tambores naturales que daban ritmo
a una quietud encandilante,
ya no es más la dicha perfecta
ahora que sabe
que esas
gotas están bañadas de dolor.
Allá afuera las
familias se organizan
para hacer lo que se pueda:
tapar las goteras,
proteger lo imprescindible
el vasito de agua debajo del agujero en la pared.
El techito debajo del
cual dormir.
-La lluvia es muy linda
pero desde adentro-
me dice y llora de amor.
Ella tuvo que pagar un
precio por entregarse
a la ternura
pero ésta la recompensó
dándole otra lluvia
desde el pecho hasta
los ojos
de esas que llegan
hasta los huesos
y te imparten rayos
de vitalidad.
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